7.-Hipotensión y shock

La hipotensión es un signo de insuficiencia cardiovascular. En algunos casos, los mecanismos compensadores pueden mantener transitoriamente una presión arterial adecuada a pesar una disfunción del sistema.

La hipotensión será consecuencia de un déficit de fluido, de un mal funcionamiento de la bomba, o de una mala distribución del fluido.

En condiciones normales, los distintos componentes del sistema están interrelacionados, de modo que la disfunción de uno de los elementos es compensada por los otros con el fin de mantener una presión arterial adecuada. Como ejemplo, ante un sangrado con pérdida de volumen circulante efectivo, se desencadena como respuesta una vasoconstricción y un aumento de la frecuencia cardiaca.

Cuando la hipotensión da lugar a insuficiencia de órganos, decimos que se ha entrado en situación de shock. El shock es la evidencia de una presión arterial inadecuada o inapropiada para mantener una correcta perfusión tisular, generándose entonces hipoxia celular. Se produce cuando la disfunción de uno de los elementos del sistema cardiovascular no ha podido ser compensada.

Shock = hipotensión arterial + daño orgánico

La forma más simple de clasificar el shock es de acuerdo al fallo primario: fallo de bomba o shock cardiogénico, fallo del sistema distribuidor o shock distributivo, y pérdida del fluido ciculante o shock hipovolémico.

Figura 8.- Clasificación fisiopatológica de los diferentes tipos de shock.

Utilizando un enfoque fisiológico del shock podemos hablar de:

El llamado shock obstructivo se incluye dentro del shock cardiogénico, al caracterizarse por una alteración del llenado cardiaco (taponamiento cardiaco, neumotórax a tensión) y/o por obstrucción al flujo (embolia pulmonar)

Con frecuencia, una forma primaria de shock coexiste con otra/s, como es el caso de un shock séptico, en el que además del componente distributivo característico, se asocia con frecuencia un componente de hipovolemia (relativa) y afectación miocárdica.

La meta principal del manejo del shock es mejorar el aporte o la utilización de oxígeno a fin de evitar lesiones celulares u orgánicas. Un manejo eficaz requiere el tratamiento etiológico, el restablecimiento de una perfusión adecuada y unas medidas adecuadas de soporte. Las intervenciones se centran en conseguir una presión arterial media adecuada, aumentar el gasto cardiaco, disminuir la demanda de oxígeno y/u optimizar el contenido de oxígeno en la sangre. Para ello se utilizarán terapias dirigidas a la etiología de base (ej.: control de foco infeccioso, control de foco sangrante, terapia de reperfusión coronaria…) junto con la combinación de fluidos, agentes vasoactivos, agentes inotrópicos, hemoderivados, suplementación de oxígeno y/o ventilación mecánica, etc…