5. Recuerda

De nada sirve que con los movimientos respiratorios el oxígeno inunde los alveolos pulmonares y pase al capilar alveolar, si no existiera un mecanismo capaz de mover y transportar ese oxígeno hasta el último rincón de los tejidos de nuestro organismo. Para ello el ser humano cuenta con una bomba propulsora capaz de mantener en continuo movimiento todo el volumen sanguíneo, y un sistema de multitud de conductos de distintos tamaños y con diferentes propiedades de elasticidad en sus paredes, con complejos sistemas de ramificaciones, ya sean en serie o en paralelo, que podrán influir en ese flujo sanguíneo y harán posible ese transporte.

Con respecto al corazón, además de conocer su estructura y su anatomía, conviene recordar como es el potencial de acción de las células musculares del músculo cardiaco, donde un mayor aporte de calcio a través de sus canales lentos, permitirá mantener durante más tiempo la fase de meseta, favoreciendo que la contracción del músculo cardiaco dure 15 veces más que el la del músculo esquelético.

La ley de Ohm nos recuerda los principios físicos que rigen el flujo sanguíneo, siendo la diferencia de presión entre dos zonas determinadas y las resistencias vasculares periféricas (la inversa de la conductancia) las que regularán este flujo. Además los rozamientos a los que se somete la sangre durante su transporte generarán una pérdida de presión que viene expresada en la Ley de Poiseuille.

A nivel local el flujo sanguíneo se regula al producirse un aumento de este de manera proporcional a la disminución de la disponibilidad de oxígeno, generando sustancias vasodilatadoras o relajando esfínteres y paredes de arteriolas. A nivel de grandes vasos actúan el óxido nítrico (factor relajante del endotelio), el control neuronal (sistema nervioso vegetativo) y el control humoral (a través de sustancias vasodilatadoras y vasoconstrictoras). Por último existen también otros mecanismos que son capaces de regular el flujo sanguíneo a largo plazo, llamado fenómeno de angiogénesis a través del factor de crecimiento endotelial y de los fibroblastos.

El gasto cardiaco, sangre bombeada por el corazón en 1 minuto, dependerá de mecanismos intrínsecos (precarga, postcarga, retorno venoso), fuerza de contracción del músculo cardiaco basado en el mecanismo de Frank Starling (autoregulación heterométrica), y por último de mecanismos extrínsecos controlados por el sistema nervioso autónomo. Serán capaces de aumentar el gasto cardiaco la excitación cardiaca (estimulación simpática e inhibición parasimpática) y la reducción de las resistencias periféricas totales. Por su parte disminuirán el GC factores cardiacos (oclusión de vasos coronarios, alteraciones del metabolismo cardiaco) y factores periféricos (descenso del retorno venoso, vasodilatación aguda, obstrucción de grandes venas y reducción de la masa tisular).

En cuanto a los métodos para medir el GC contamos con el ecocardiograma, termodilución (catéter de Swan-Ganz), el método de Fick basado en la ley de Fick y el gasto cardiaco angiográfico.

La insuficiencia cardiaca supondrá la incapacidad del corazón para bombear la cantidad de sangre necesaria para satisfacer las necesidades del organismo, siendo las sobrecargas de volumen las que determinarán una disminución de la contractilidad y las sobrecargas de presión las que ocasionarán la hipertrofia del músculo cardiaco. La insuficiencia cardiaca pondrá a su vez en marcha unos mecanismos compensatorios para intentar aumentar el GC, entre estos destacan la activación del sistema nervioso simpático, y una serie de complejos mecanismos a nivel renal donde el péptido natriurético atrial juega un papel importante a través de la excreción de sal y de agua. Si estos mecanismos acaban fallando se producirá una sobrecarga hídrica que llevaría al edema periférico y pulmonar.