3.3. Efectos negativos de la retención hídrica

Cuando el corazón está bombeando a su capacidad máxima, el exceso de líquido deja de tener efecto favorable sobre la circulación, pudiendo provocar un edema a nivel pulmonar y periférico.

Edema agudo de pulmón: Al aumentar la carga del corazón ya debilitado, se inicia un círculo vicioso, ya que comienza a almacenarse sangre en los pulmones por la incapacidad del corazón de bombear sangre. Esto conlleva a una elevación de la presión capilar pulmonar, por lo que una pequeña parte de líquido comienza a trasudar hacia los tejidos pulmonares y los alveolos. Con el aumento de líquido en los pulmones, se produce una disminución de la oxigenación de la sangre, lo que debilita aún más en corazón y las arteriolas del organismo, provocando la vasodilatación periférica y con ello aumentando el retorno de sangre venosa desde la circulación periférica. Al incrementar el retorno venoso, aumenta el estancamiento de sangre en los pulmones e iniciándose de nuevo el circuito explicado.

Edema periférico: Secundario a la retención de líquido por los riñones, aumenta la presión media del llenado sistémico, y por tanto mayor será la cantidad de sangre que vuelve al corazón, aumentado asó la presión en aurícula derecha, lo que normaliza la tensión arterial, todo ello genera un aumento de la presión capilar, provocando la pérdida de líquido hacia los tejidos.

La insuficiencia cardiaca aguda, especialmente la del corazón izquierdo, tiende a provocar el edema de pulmón, sin embargo, al ser un proceso rápido, no produce el edema periférico. Esto se debe a que cuando fracasa la bomba de un corazón previamente sano, disminuye la presión de la aorta y aumenta la presión en la aurícula izquierda. A medida que el gasto cardiaco se acerca a cero, ambas presiones tienden a igualarse con un valor de equilibrio entorno a 13mmHg, y la presión capilar también desciende desde un valor normal (17mmHg) a 13 mmHg. Por lo que como podemos ver, la presión capilar disminuye en la insuficiencia cardiaca aguda y por ello no provoca el edema periférico que recordamos que era secundario al aumento de la presión capilar.