3.1.-. Requerimientos de energía

Las demandas energéticas varían notablemente entre un individuo sedentario y otro que realiza algún tipo de actividad física o deporte. Así, nos podemos encontrar que frente a las 2500 kcal/día que necesitaría un individuo adulto sedentario, uno que practique alguna actividad física importante, podría llegar a necesitar unas 4000 kcal/día o más dependiendo del tipo de actividad y de la duración de la misma.

Las demandas energéticas varían con el tipo de actividad realizada y con el tiempo que se destine a la misma. En esfuerzos de larga duración, como el ciclismo en ruta o el maratón, al principio de la competición, el 59% de la energía es suministrada por los glúcidos, frente al 40% que proporcionan los lípidos pero al final de la competición, los glúcidos disminuyen su participación hasta aportar alrededor del 50% de la energía, mientras que los lípidos suben hasta el otro 50%.

Ya que las reservas de glucógeno son relativamente limitadas se agotarán pronto y con ellas acabaría la posibilidad de seguir realizando ejercicio si solo dispusiéramos de esa fuente, pero las reservas de los lípidos son muy grandes y aseguran la continuidad de cualquier gasto añadido durante un tiempo prolongado.

Por último, el tipo de alimentación que haya recibido el deportista también es fundamental, ya que cuando su régimen dietético es hipoglucídico, cosa frecuente en algunos deportistas que consumen muchas proteínas, para mantener el aporte de glucosa al cerebro, se precisa activar la gluconeogénesis. El primer sustrato de esta via es el lactato obtenido de la glucolisis a través del piruvato y con ello se genera una situación de acidosis metabólica, que además agravará la situación de fatiga. El lactato deja su lugar a la alanina , más abundante y que procede de la degradación de proteínas que en condiciones normales es de 2 a 3 gramos/hora, pudiendo llegar a ser de hasta 10-12 gramos/hora y conducir a pérdida de masa muscular. Por el contrario, las dietas ricas en glúcidos pueden incrementar al doble los depósitos de glucógeno en el músculo, con lo que la duración del esfuerzo se incrementará y la aparición de la fatiga se retrasará, ahorrandose proteínas.