2.2.-Hipocloremia

Se define como hipocloremia la concentración sérica de cloro inferior a 96 mEq/L. Generalmente, la causa más frecuente es la pérdida de cloro, bien a través del sudor, el tracto gastrointestinal o el riñón, si bien puede ser causada por un ingesta deficiente de cloro, como en los casos de administración de soluciones intravenosas carentes de cloro (suero glucosado, por ejemplo) en pacientes en dieta oral absoluta y en personas con dietas bajas en sal. Las pérdidas digestivas de cloro ocurren en los casos de vómitos repetidos, diarreas, cirugía gástrica, aspiración continua de contenido gástrico, ileostomía y fístulas. Las pérdidas renales suceden en los casos de tratamiento con diuréticos, sobre todo los tiacídicos, y todas aquellas nefropatías pierde-sal. Las situaciones de alcalosis metabólica, déficit de sodio y potasio, así como las alteraciones hidroelectrolíticas en los casos de cetoacidosis diabética y la insuficiencia suprarrenal.

Los síntomas de la hipocloremia incluyen la irritabilidad, agitación, hiperactividad de los reflejos, tetania, hipertonicidad y calambres, mareos, arritmias cardíacas, bradipnea, coma y parada respiratoria.

En la analítica generalmente encontraremos, junto a la hipocloremia (Cl <96 mEq/L), hiponatreamia (Na <135 mEq/L) y alcalosis metabólica (pH >7.45 y bicarbonato >26 mEq/L).

El tratamiento de la hipercloremia se basa en el tratamiento de la causa de la misma así como el reemplazamiento del cloro tanto oral (con una infusión salina) o intravenoso, mediante solución salina normal (suero fisiológico 0.9%). Además, se deberán corregir las alteraciones iónicas asociadas como la hiponatremia, la hipopotasemia y, en su caso, la alcalosis. Solo en los casos rebeldes al tratamiento con suero fisiológico se puede plantear tratar con cloruro amónico.