1.1.-Anatomía y células del sistema inmunitario

El sistema inmunitario se compone, al igual que otros órganos de la fisiología, de células especializadas bien diferenciadas para realizar su papel en la defensa del huésped, incluidas en estructuras anatómicas organizadas que son los órganos del sistema inmunitario. Dentro de las primeras nos encontramos:

·                     Granulocitos: el linaje granulocito/monocitos da lugar a los precursores que maduran en la médula ósea y son liberados a la sangre. Constituyen alrededor del 65% de todos los leucocitos y su nombre deriva de la cantidad de gránulos presentes en su citoplasma. Según la coloración de éstos al someterlos a una tinción convencional, se pueden subdividir en: basófilos (suponen el 0,5-1% y sus gránulos se tiñen de color azul intenso), eosinófilos (3-5% con gránulos rojos) y neutrófilos blancos (90-95% con gránulos casi sin teñir). Los granulocitos circulan en la sangre y migran a los tejidos durante la respuesta inflamatoria; como excepción el mastocito (célula que comparte características comunes con el basófilo aunque con un origen distinto) que permanece fijo en los tejidos.

·                     Monocitos: constituyen un 5-10% de los leucocitos circulantes, teniendo una vida media de 24h, entran en la reserva extravascular y se convierten en residentes en los tejidos, recibiendo el nombre de macrófagos. Estos se especializan en macrófagos alveolares (pulmón), células de Kupffer (hígado), células mesangiales (riñón), células de microglía (cerebro) y osteoclastos (hueso), y otros macrófagos que revisten los conductos del bazo y los ganglios linfáticos.

·                     Las células dendríticas: tienen unas prolongaciones citoplasmáticas características y son una pequeña población adicional de células inmunitarias que se encuentran en la sangre, ganglios linfáticos, médula ósea y tejidos. Desempeñan una función muy especializada en la activación y la instrucción de los linfocitos.

·                     Linfocitos: representan el 25-35% restante de leucocitos y su nombre deriva de su asociación directa con el sistema linfático. Están presentes en la sangre, en los órganos y tejidos linfoides y en los lugares de inflamación crónica. Se dividen en 2 subtipos, los B y los T, presentes en la sangre en proporción 1/5 y se diferencian por la presencia de glucoproteinas en su superficie. Los linfocitos B se diferencian en la médula ósea antes de ser liberados a la circulación, su papel principal es el reconocimiento de macromoléculas (denominadas antígenos) a través de los receptores de superficie (llamados anticuerpos). Los linfocitos B pueden convertirse en células plasmáticas y permanecer en los tejidos actuando como secretores de anticuerpos solubles. Los linfocitos T (derivados del timo) cuya capacidad de reconocer lo propio frente a lo extraño y provocar la muerte de los tejidos no emparentados se adquiere durante los primeros años de vida en el timo. Estas células contribuyen eficazmente a la función de los linfocitos B.

·                     Linfocitos asesinos naturales (natural Killer): Se han identificado pequeñas poblaciones de células similares a linfocitos T pero diferentes; son capaces de destruir las células infectadas por virus y las tumorales sin necesidad de las “instrucciones” del timo. Se identifican por la presencia de glucoproteinas de superficie especializadas y característicamente poseen un citoplasma muy granulado

Figura 1. Desarrollo de los leucocitos desde la célula progenitora pluripotente hasta las formas circulantes y titulares maduras

Los órganos del sistema inmunitario se dividen en: órganos linfoides primarios (médula ósea y timo), siendo estos los lugares de desarrollo y la maduración de las células inmunitarias, y secundarios: ganglios linfáticos, bazo, tejido linfoide asociado a mucosa (MALT) y tejido linfoide asociado al intestino (GALT) cuyas funciones son: ser la residencia de diversas células linfoides, constituir una “trampa” para el antígeno, que es el material frente al que se suscitan las respuestas inmunitarias, y ser el lugar donde èstas se inician. Los leucocitos se especializan aún más en los órganos secundarios y los linfocitos recirculan a través de la sangre, los órganos linfoides secundarios y los vasos linfáticos en un proceso de vigilancia inmunitaria organizada. Si el ganglio linfático es un filtro para el antígeno en diversos tejidos, el bazo lo es para los antígenos de la sangre. Sus cualidades son similares a las de una esponja y hacen que el tráfico sanguíneo de células y proteínas pueda hacerse más lento para inspeccionarlas en particular con respecto a los agentes infecciosos y a los complejos antígeno-anticuerpo, que inducen una respuesta inmunitaria activa. En la pulpa roja del bazo se eliminan los eritrocitos y leucocitos envejecidos o defectuosos, que son fagocitados por los macrófagos residentes.