1.1.- Introducción

El balance del agua y electrolitos tiene dos aspectos fundamentales: la cantidad de líquido existente y la composición de los líquidos, que está relacionada con la proporción de sales y otras moléculas con respecto al agua que las disuelve.

Aproximadamente el 60% del peso corporal de un adulto es agua; dos tercios se sitúan en el espacio intracelular y el tercio restante se divide a su vez en un espacio intersticial (75%) e intravascular (25%). El agua atraviesa las membranas celulares con relativa facilidad estableciendo un equilibrio osmótico que dependerá del contenido de sustancias osmóticamente activas a uno y otro lado de las membranas. Se denomina tonicidad u osmolalidad efectiva a aquella a la que contribuyen los solutos, como el sodio y la glucosa, dado que no pueden moverse libremente a través de las membranas celulares, motivo por el que inducen una migración transcelular del agua. El sodio y sus aniones acompañantes (sobre todo cloro y bicarbonato) son los principales determinantes de la tonicidad extracelular y, en definitiva, del contenido de agua y del tamaño del volumen extracelular (EEC).